Estudio del dolor

 

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Muchos trabajadores tienen problemas derivados de su actividad diaria. Claros ejemplos son las malas posturas en el ejercicio del trabajo o los derivados de problemas ya existentes y que empeoran por la falta de cuidados físicos. Las bajas por enfermedad debidas a diversas patologías como lumbalgías, dorsalgias y cervicalgias están a la orden del día. Las tendinitis producidas por sobrecarga de los músculos durante el quehacer diario son bastante comunes así como ciáticas, falta de concentración, dolores de cabeza persistentes, estrés, dolores artríticos, fibromialgias, fatiga o tensión muscular, mala posición de articulaciones y vértebras, piernas cargadas, etc...

Todos estos factores y más, constituyen un riesgo de empeoramiento de la capacidad de trabajo, y a nivel personal, una seria causa de infelicidad y disminución de la calidad de vida. No olvidemos que el 11% de la población española sufre dolor mientras trabaja.

 

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El dolor es caro. La negación de la evidencia no oculta el coste económico que cada año produce el dolor crónico. Por ejemplo, las enfermedades reumáticas suponen una pérdida anual de 3.600 millones de euros. El coste por paciente alcanza la cantidad de 10.700 euros al año, que se dividen entre los gastos médicos, las pérdidas de la productividad y las pensiones por incapacidad temporal o por invalidez permanente, según los cálculos de la Sociedad Española de Reumatología. Fuera de esta partida se encuentran los llamados “costes intangibles” derivados de la disminución de la calidad de vida de los pacientes.

 

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La Sociedad Española del Dolor estima que las personas que padecen dolor maligno suelen esperar entre tres y siete días para ser tratados, mientras que los que sufren dolor crónico de causas benignas tardan entre 20 y 90 días en recibir un tratamiento.Al menos en Atención Primaria, los médicos están “más concienciados” en el alivio del dolor oncológico, pero no pasa lo mismo con los dolores crónicos producidos por la artritis u otras enfermedades del aparato musculoesquelético.

 

Fuente: http://www.economiadelasalud.com